domingo, 29 de octubre de 2017

DIRÁN QUE HABLAMOS DE AMOR EN LUGAR DE CORDURA





(Dedicado al lugar donde habito o ,a cualquiera, que quiera darse por aludido)



Te necesito,
con lengua de fuego armado,
incorruptible,
sin puño cerrado,
ni mano alzada.
Digno de mí.

Te necesito,
cobijo de sueños,
sin distancias,
libre de engaños,
aljibe del agua del mañana.
Parte de mí.

Te necesito,
cavando tierra,
sembrando palabras.
Amplio de abrazo,
involucrado.
Pleno de mí.

Te necesito,
inteligente,
firme en la tierra,
ágil de vida,
sabio y grande,
Al lado de mí.

Te necesito,
ahora,
como nunca
te necesite antes.

Dentro de mí.



29 octubre 2017

sábado, 28 de octubre de 2017

LA DEUDA DE GRAZALEMA


Un trueno la sierra rompe.
Lluvia retumba en la plaza.
La calle recibe el golpe
sobre piedra acostumbrada,
al viento frío del norte,
al roce del agua clara.
Como un río bravo corre,
por las calles empinadas,
enseñadas al reguero
se dispersan en cascadas,
y el blanco van desluciendo
de las casas encaladas.

La joven de origen noble
se esconde bajo su manta,
no quiere que ningún hombre
la descubra mientras anda,
furtiva con su secreto,
antes de que llegue el alba.
De obligado cumplimiento
ha de entregar una carta,
de parte de un bandolero
que la tuvo como amada.
Solo protege la noche,
amiga y mejor aliada.

Era noche de noviembre,
noche de todas ánimas.
Como siempre brilla el pueblo,
con sus calles barnizadas
por brillo que el aguacero
a todo el pueblo regala.
Los hombres marchan en orden
hacia el rosario del alba,
en sus casas las mujeres,
con sus niños obligadas
a rezarlo por las tardes,
que es cuando el beato manda.


Perseguida por el rezo
que a lo lejos se cantaba,
recorría con apremio
las callejas la muchacha.
Intuye que se ha perdido,
no reconoce la casa,
entre aquellos laberintos
de casitas estucadas.
La Puentezuela es la fuente
que aparece en su mirada,
cree que al subir la calle
sus objetivos lograra.

Tras una verja se esconde
al toparse con dos almas,
ambos portan los faroles,
las “Marías” que llamaban
los capuchinos frailes que
calle “Arriba” descansaban.
El canto a la Aurora Virgen,
los labriegos ensalzaban,
en procesión van los fieles
al comenzar la mañana.
Ante las votivas cruces
en estación se paraban.

Ni la humedad ni la noche,
(su manta está ya empapada),
ni las inquinas del miedo,
consiguieron que temblara.
Los primeros rayos salen
y teme ser encontrada,
la Virgen sale a su encuentro,
y la aurora la ayudaba.
Ya se marchaban los hombres
a la misa de mañana,
procesando por los muertos,
tras la noche de ánimas.
  

Por fin llegó al destino
y a la puerta le picara,
esperando que el chiquillo
con los golpes no llorara.
¿Quién va? Sonó tras el quicio.
¡Abridme, por Dios señora,
soy María de Romero,
y me envían con la carta,
que escribió un bandolero
a su mujer bien amada!
La puerta quebró sus goznes
al escuchar sus palabras.

¿Cómo te atreves ramera,
a venir hasta mi casa,
y en mitad de negra noche,
con tus injurias ingratas,
insultar nuestro buen nombre
sin temer que os acusaran?
Tras el grito de su madre,
una voz se lamentaba.
¡Decid! ¿Qué sabéis de ese hombre?
¡Maldito, jamás tornara!
Su hijo esperaba su nombre
y yo esperaba sus patrañas.

¡Dejadme hablar, os lo ruego!
La Gran Zulema me manda,
no soporta que sus hijos
sufran sin tener constancia,
de las noticias de aquellos
que entre sus campos se amaran.
Buscando el perdón yo vengo,
del hombre que venerabas.
En mis brazos cayó muerto
y estas fueron sus palabras:
¡María pagad mi deuda,
la Gran Zulema os ampara!

Me dio la carta para vos,
me hizo entrega de su manta,
para que cubras al crío
las noches que caiga escarcha.
No pude evitar su suerte...,
con mis manos yo tapaba...,
la herida manaba sangre
provocada por la bala.
Él no temió a la muerte...,
no sabéis cuánto os amaba...,
cuando caía la noche
a Grazalema lloraba. 






Esa tarde en el rosario,
con entereza abordaba,
a la hija de Mª Romero,
para poder reclamarla.
“Madre murió años antes,
de la noche que tú hablas.
¿Por qué abres mi recuerdo
al enseñarme su manta?
La encontraron en la sierra,
a un bandolero abrazada.
Los dos heridos de muerte,
tapados por esa manta”.