Ayer,
compás de dos
por cuatro.
Cinco
brutales golpes de timbales
como trágica
obertura de auxilio.
Metálico viento,
forjado de ideales,
único protagonista
de la música,
tendencioso
grave sonido de locura.
Al fondo,
la caja china machacante
golpeando con
el examen de la mente.
En el
centro, una impertérrita soprano,
ataviada
con la sombra de la noche
esperaba un
aturdido golpe de batuta
para
comenzar su negro operístico canto.
Hoy,
es un orgánico
conjunto de salón,
es un meditado
intento de armonía
entre la razón
y el adiestrador juicio.
Es solista con
arco de constancia,
de clave dictada
por el maestro de piano
anclado al
suelo por sólidas columnas.
Aun soy pueril
alumna de la cuerda
y pendo como fusa de paralelo pentagrama,
interpretando
la blanca partitura
bautizada
con el “desafío de la mente”,
que marca
el ritmo ahora impuesto
por el
cuarteto de la nueva vida.
Mañana,
será lugar
para bailar mi sinfonía,
será preludio
en forma alegre de sonata,
pilar de cualquier
canon aprendido.
Como
segundo movimiento, sonará
un lento
murmullo de esperanza,
seguido de
un minueto donde dancen
la ciencia,
la verdad y la cordura.
En su final,
fluirá un rondo,
regresando siempre
a los principios.
Tras esto, se
compondrá sola,
una posible
sonata inconclusa,
abierta a
quién quiera interpretarla.
Fotografía: Detalle de columna Museo Catedralicio de Valladolid
Poema y fotografía: María José Gutiérrez Sánchez

¡¡¡¡¡Preciosas letras!!!!!!
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Fina. Un gran abrazo
Eliminarme encanta la música, María José, y es hermoso percibir la afinidad dialogal entre palabra y sonido...Estupendo poema con un vocabulario trabajado y sugerente. Abrazos grandes.
ResponderEliminarMuchas gracias, José Luis. Espero llegar algún día a crear esa sinfonía soñada. Miles de abrazos
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