domingo, 5 de noviembre de 2017

POESÍA





Ayer,
compás de dos por cuatro.
Cinco brutales golpes de timbales
como trágica obertura de auxilio.
Metálico viento, forjado de ideales,
único protagonista de la música,
tendencioso grave sonido de locura.
Al fondo, la caja china machacante
golpeando con el examen de la mente.
En el centro, una impertérrita soprano,
ataviada con la sombra de la noche
esperaba un aturdido golpe de batuta
para comenzar su negro operístico canto.



Hoy,
es un orgánico conjunto de salón,
es un meditado intento de armonía
entre la razón y el adiestrador juicio.
Es solista con arco de constancia,
de clave dictada por el maestro de piano
anclado al suelo por sólidas columnas.
Aun soy pueril alumna de la cuerda
y pendo como fusa de paralelo pentagrama,
interpretando la blanca partitura
bautizada con el “desafío de la mente”,
que marca el ritmo ahora impuesto
por el cuarteto de la nueva vida.



Mañana,
será lugar para bailar mi sinfonía,
será preludio en forma alegre de sonata,
pilar de cualquier canon aprendido.
Como segundo movimiento, sonará
un lento murmullo de esperanza,
seguido de un minueto donde dancen
la ciencia, la verdad y la cordura.
En su final, fluirá un rondo,
regresando siempre a los principios.
Tras esto, se compondrá sola,
una posible sonata inconclusa,
abierta a quién quiera interpretarla.




Fotografía: Detalle de columna Museo Catedralicio de Valladolid
Poema y fotografía: María José Gutiérrez Sánchez


4 comentarios:

  1. me encanta la música, María José, y es hermoso percibir la afinidad dialogal entre palabra y sonido...Estupendo poema con un vocabulario trabajado y sugerente. Abrazos grandes.

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  2. Muchas gracias, José Luis. Espero llegar algún día a crear esa sinfonía soñada. Miles de abrazos

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