martes, 5 de diciembre de 2017

LA CONTEMPORANEIDAD



“Contemporáneo es, justamente, aquel que sabe ver esta oscuridad, y que es capaz de escribir mojando su pluma en las tinieblas del presente”
Giorgo Agamben



Caeremos a plomo,
como estatuas de dictador derrocado,
los hijos crecidos en penumbra,
los falsos ciegos aliados de la noche,
los que no cruzamos la abierta puerta
inmóviles por la irresolución de las preguntas,
caracoles en la inmanencia de nuestras conchas,
divagando sobre el uso en lugar del ser usado,
realizados admitidos por la Gran Máquina.
Y la ironía de la vida escribirá
sobre nuestras tumbas
el políticamente correcto epitafio:
“No hay comentarios”




 Fotografía y poema: María José Gutiérrez 

LA AMISTAD

 “al querer al amigo quieren su propio bien, puesto que cuando alguien bueno se convierte en amigo querido, se convierte en un bien para aquél que lo quiere. De modo que uno y otro quieren su propio bien, y se recompensan recíprocamente por igual. En efecto, se dice que la amistad es igualdad, lo cual se da sobre todo en la amistad de los buenos” (ib., 32-36).
Aristóteles





Llegó alada,
extraña,
impropia de allí,
extranjera,
planeando tierra incrédula,
con su vuelo descansado
de amor y de virtud.

En la atardecida, sobrevoló
el halcón la desértica planicie,
poseedor del códice
sobre el vuelo de los pájaros
adivinó erial de campo santo;
planeador sagaz del horizonte
la exigió perenne y habitable.

Hirió la tierra al halcón
ignorando el batido de sus alas,
erró impulsando aire contra viento
entre dubitativas corrientes,
quiso enmendar la ruta de su vuelo
intentando demostrar que su futuro
no estaba en manos de sus enemigos.


Debe al halcón
el árbol de la savia nueva
desde donde habitaba vigilante
la sombra de su estampa
en lo alto del otero
y ese trueno que retumbaba por las tardes
conminando su existencia.

En la amanecida, se mostró
colibrí inquieto de la rama,
pájaro alentador del alma
de la flor del alcornoque,
extractor de su néctar
libando el jugo de la duda
ofrecida al dios de la paciencia.

Hirió al ave agradecida
intentando acallar los trinos
del séquito de voces
que le piaban pájaro de un día,
erró rogando inmortalidad a su canto
pues en momentos de lucidez
tierra entiende el silbo de los pájaros.

Debe al colibrí
el aire festivo de sus alas,
el arco iris de sus plumas,
el parche brillante
que fluye en su garganta
y esa insistencia de ternura
que le sostiene en constante movimiento.

Tierra virgen y equivocada
creyéndose gobernada
vio caridad en lo perfecto
rompió el símbolo con el grito del silencio
y ahuyentó a las aves de sus pastos,
que nunca antes tuvieron fundamento.

Y la luna, por inercia, se hizo nueva.



 Fotografía y poema: María José Gutiérrez 

miércoles, 29 de noviembre de 2017

MAS ALLÁ DE LA BATALLA, LA FE



Qué nadie se confié
porque hoy escampe,
pues puede,
que mañana truene.





Creo en los hombres que trazan su destino y
en los que eluden los rumores que me hieren.

Creo en el agua que me enseña
a transportar la realidad entre las olas,
la que despertándome me aparta las legañas,
la que gota a gota inunda embalse
en el hueco vacío de mi mente.
Creo en su seguridad y en su constancia,
en el cauce que marca entre los montes.
Creo en la suavidad de las palabras,
en la cadencia silenciosa de la ese,
en la amanecida nueva de su frase corta,
en el futuro abrazo que me debe,
en su valentía y su defensa,
de los poetas de mentes inquietantes.

Creo en los hombres que son un solo hombre.

No llegamos con la voz de ábreme la cama,
ni llegamos ataviados con el sombrero de locura,
llegamos con la mirada necesitada de colores,
con la frase pronunciada en el silencio,
con él vaya a saber usted porqué entre la boca;
entramos por invitación de la palabra
en un mundo real que yo pinto de ficticio.


Ninguno sabemos dónde nos encontramos,
pero presentimos, obcecados,

que debemos morder de la manzana.




.
 Fotografía y poema: María José Gutiérrez 

lunes, 27 de noviembre de 2017

EN ESTA, MI GUERRA, YO DE AVANZADILLA



Llegué ausente de mi,
vacío de carne y de palabra,
pretérito imperfecto,
mudo de ideas y conceptos.

Me alimentaste de verbo
y de futuro subjuntivo,
y yo, que nunca antes
había probado bocado,
lamí los frutos de la lengua sabia
y me encadené aquí
expuesto al aire de la critica
oxidando lo poco que queda de mi
con miradas ácidas.

Y me indujiste a hablar,
con la destreza del sensato
una lengua para mi abstracta
y aprendí a pronunciar mi nombre
marcando tildes donde tu ordenabas.

Aún no domino tu lenguaje,
pero fuiste tú,
 quien me enseñaste
a olvidar los trazos de tiza
y a escribir con tinta de lógica.

Al despertarme de aquel sueño,
 ahora me debes la constancia.

Si no vuelves,
beberé la savia de las flores,
y me alimentaré del sonido de la lira
y mi voz se volverá empalagosa
con la irrealidad de la melaza,
y criaré unicornios con el pasto
de las formas y el individualismo.

No puedes marcharte,
son tres los puntos equidistantes,
pues yo asesino ángeles
cuando abro la bocaza,
y cierro los poemas
con un verso rotundo.


Fotografía y poema: María José Gutiérrez 



domingo, 26 de noviembre de 2017

ENTRE RAMAS



—¡Esto se ha terminado, Pedro! —Alicia sacaba con violencia la ropa del armario y la lanzaba sobre la cama— ¡Esto se ha terminado!
—Por favor, Alicia, tienes que entenderme —suplicaba el hombre intentando frenar con sus brazos aquella avalancha de ropa.
—¿Entenderte? ¡Llevo entendiéndote cinco años! ¿Qué digo cinco años?, si solo te veo en verano. Estoy segura de que hay otra —vociferaba Alicia—. Tendrás otra familia, en algún lugar tropical.
—Ya te lo he explicado mil veces, mi trabajo es así. Nunca te engañé, supiste lo que había desde el primer momento. ¡Ahora, no me vengas reclamando! —se calló ante la horrible mueca de cólera que mostraba el rostro de Alicia, esta vez la cosa parecía seria.
—No —Alicia aspiró aire con un exagerado gesto de asfixia—. No, esta vez sí que no. Esta vez me voy para no volver —dijo muy despacito, algo que a Pedro le aterrorizó.
—Tienes razón, no es la verdad —Pedro se sentó abatido en la cama sujetando su rostro entre las manos con un gesto de desesperación.
—¿Qué verdad, Pedro? —Alicia comenzó a asustarse, y todos sus temores vinieron a su mente de golpe.
—Alicia… Yo en invierno me convierto en árbol, por eso desaparezco. En realidad, no me voy a ningún sitio, paso el invierno plantado en la arboleda detrás de la casa.
—¿Qué…? —Alicia no acertaba a encontrar las palabras necesarias para aquella contestación absurda, a la vez pasaban con velocidad por su mente imágenes que le confirmaban aquella estúpida excusa: El olor insoportable a pino de aquella casa, la decoración de metacrilato del salón, el inodoro electrónico... tenía que estar bromeando.
— ¿No bromeas? ¿Por eso te empeñaste en censurar la chimenea e instalar la calefacción eléctrica?, ¿y aquel pobre vendedor de enciclopedias al que casi rompes la cabeza? ¡Dime qué no es verdad! —exigió suplicando.
—Alicia, entiéndeme, no es culpa mía. Yo no elegí esta vida, soy una víctima —dijo Pedro con lágrimas en los ojos—. Compruébalo tu misma.
Pedro corrió a buscar su certificado homologado de FSC como madera controlada.
Alicia miro aquel certificado estúpido y la cara de seguridad con la que Pedro la miraba, pensó si el niño de la película de E.T. exigió al bicho algún sello de denominación de origen.
—No sé qué decir, supongo que debo creerte —dijo Alicia mientras sopesaba las mil razones para aceptar lo que ahora veía con claridad— No sé qué decirte Pedro.
—Dime algo que me ayude a mantenerme firme en esta vida de desolación e incertidumbre con la que se me ha castigado —suplicó Pedro— algo que me ayude a afrontar el próximo invierno con esperanza. Una solución que me ayude a huir de este destino.
—Pues tal vez deberías… —comenzó a decir Alicia ante aquella abrumadora responsabilidad y pensando lo fácil que habría sido si hubiera tenido una amante en Brasil—, tal vez, deberías confeccionarte una especie de traje, ya sabes, fue lo primero que hizo Spiderman.
No había terminado la frase y ya se había dado cuenta de lo estúpida que sonaba.
—¿Un traje? —Pedro la observaba guardar a toda velocidad sus últimos objetos personales en la maleta— Yo no necesito un traje, me hago un ser inerte durante seis meses, un ser aburrido y carente de vida que no necesita ningún traje. Soy un árbol. ¡Pierdo la mitad de mi vida sin hacer nada, sin vivirla! —gritó Pedro desesperado ante la desconsideración de su pareja.
—Mira Pedro —dijo con lentitud Alicia intentando calmarle—, yo no me voy porque la mitad del año seas un árbol, me voy porque la otra mitad eres un seto. Un hombre que vive precavido con miedo y que no sabe disfrutar cada momento. Antes de saber esto yo ya había tomado la decisión de dejarte porque tengo un amante.
—¿Un amante? —preguntó atónito— ¿Le conozco?
—No —mintió Alicia por piedad mientras cerraba la puerta.

Fuera, una furgoneta blanca la esperaba. En un costado un rótulo de letras de colores anunciaba: 
«Papel Higiénico: El elefante».

Fotografía y relato: María José Gutiérrez

sábado, 25 de noviembre de 2017

A LOS AUTORES



A veces los relatos
se escapan de los libros
y narran triángulos isósceles
trazados con líneas de lo ambiguo,
leídos con las gafas de ver obvio.

En la cúspide, escondido,
un estúpido argumento
que no sale de su hilo,
cobarde y miserable,
por miedo
a los ojos de los hombres,
que escribieron cuentos
con renglón torcido
sobre lienzo puro.


Rubricando la base
se encuentran los autores,
llegaron al volumen
sin pluma en los bolsillos
y escribieron el prefacio
dedicado con afecto
en sauce carboncillo.

El uno, provocando
al orgullo de la trama,
por mantenerla viva otro capítulo,
clamando al raciocinio
que dictan las palabras,
exigiendo un final
que sea indiscutible.


El otro, sosteniendo
el ritmo del oxímoron,
equilibrando el tosco texto
con sus diminutivos,
abriendo las vocales,
tachando alegorías,
subrayando las frases importantes.


Todos los autores tienen
algún tonto relato
que esconden a la crítica,
ese que releen a veces
y les saca una sonrisa.

Admiro a los autores,

me hiere que no escriban.



Fotografía y poema:María José Gutiérrez 
Museo Escultura de Valladolid

viernes, 24 de noviembre de 2017

EN JAULA DE ORO



Disfraz de ámbar 
y maderas frescas,
morada blanca 
de la sombra negra.
Halago de áspid 
del primer encuentro,
al acuerdo tácito 
entre el dolor y el miedo.

¡Absurda la burla del amor ciego!

Humilla la fuerza 
de un inferior talento,
al herido orgullo
 por chantajes férreos.
Se desuella el cuerpo 
carente de impulso,
aislado del mundo, 
se anula el cerebro.

¡Se alza cobarde el arma del miedo!

Rebeló ingenua 
sus flancos más débiles,
en trueque de caricias 
que florecieron en golpes.
Prematura vejez 
se asienta en su cuerpo,
la piel, 
ajada por triste,
la sonrisa 
olvidada en los tiempos
dejados atrás
 antes del tormento.

Culpa su fracaso 
a sus propios miedos.

Rodando en la rueda,
 no recuerda el momento,
donde acabó el amor 
y empezó el desprecio.

Gota a gota, el odio
 aniquila el intento,
de cortar las cadenas, 
de su estado preso.

¿El dolor más grande? 
… no poder hacerlo.
De su boca muda 
no fluye el lamento,
anulada la ira, 
aniquilado el talento.

¿El dolor más grande?
...no escapar de eso.

Fotografía y poema:María José Gutiérrez 

2016

miércoles, 22 de noviembre de 2017

UNA HISTORIA COMO TANTAS




Un nombre desmembrado,
la carencia de la carne,
el sutil murmullo de la idea,
la aorta paciente de la hoja;
envés de la insistente deuda:
la derrota.

Existo por decreto
de la mirada azul del agua
y nado en sus mareas
consciente como nunca.

Evado a mi memoria
de dominicales tardes,
la exijo laboriosa
y consecuente.

Habito razonable
lo que aun es greda,
 escojo los frutos de los árboles;

los unos, 
me sostienen,

los otros,
 me alimentan.


Fotografía y poema:María José Gutiérrez

lunes, 20 de noviembre de 2017

VEN



Ven,
pleno de luz,
bajo la lámpara.

Ven,
sin armas,
necesitado de mí.

Ven,
hueco de venganza.

Talle mi nombre entre todos los nombres,
y te amé lejano,
pues te necesitaba ausente
y no lastre en mi huida.

Te amé todas las noches por costumbre,
como aquel que tiene el hábito
de usar el corazón sin proponérselo
y ahora que los planes han cambiado
siento que te debo una disculpa.

Amor,
estoy anclada en el borde de la duda,
no me obligues, de nuevo,
a cruzar el mar de la imprudencia,
pues ya tienes ganada la batalla
y sabes que el amor se acumula
en las esquinas de mis versos
arrastrado por tu palabra ausente.

Ven,
nombremos a las cosas por su nombre,
y hagamos a este amor

todo lo que le prometimos.

El amor es siempre 
batalla perdida,
y nosotros 
feroces contrincantes.



Fotografía y poema:María José Gutiérrez
Plaza Mayor (Valladolid)