Disfraz de ámbar
y maderas frescas,
morada blanca
de la sombra negra.
Halago de áspid
del primer encuentro,
al acuerdo tácito
entre el dolor y el miedo.
¡Absurda la burla del amor ciego!
Humilla la fuerza
de un inferior talento,
al herido orgullo
por chantajes férreos.
Se desuella el cuerpo
carente de impulso,
aislado del mundo,
se anula el cerebro.
¡Se alza cobarde el arma del miedo!
Rebeló ingenua
sus flancos más débiles,
en trueque de caricias
que florecieron en
golpes.
Prematura vejez
se asienta en su cuerpo,
la piel,
ajada por triste,
la sonrisa
olvidada en los tiempos
dejados atrás
antes del tormento.
Culpa su fracaso
a sus propios miedos.
Rodando en la rueda,
no recuerda el momento,
donde acabó el amor
y empezó el desprecio.
Gota a gota, el odio
aniquila el intento,
de cortar las cadenas,
de su estado preso.
¿El dolor más grande?
… no poder hacerlo.
De su boca muda
no fluye el lamento,
anulada la ira,
aniquilado el talento.
¿El dolor más grande?
...no escapar de eso.
Fotografía y poema:María José Gutiérrez
2016
2016

No hay comentarios:
Publicar un comentario