Un nombre desmembrado,
la carencia de la carne,
el sutil murmullo de la idea,
la aorta paciente de la hoja;
envés de la insistente deuda:
la derrota.
Existo por decreto
de la mirada azul del agua
y nado en sus mareas
consciente como nunca.
Evado a mi memoria
de dominicales tardes,
la exijo laboriosa
y consecuente.
Habito razonable
lo que aun es greda,
escojo
los frutos de los árboles;
los unos,
me sostienen,
los otros,
me alimentan.
Fotografía y poema:María José Gutiérrez

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