Tras la resurrección,
pubescente primavera;
campo de dudas.
Todas las excusas
huyen de sus dueños,
pues responsable
fecundo las gramíneas.
La fuerza del impulso
atrae la cobardía
y lúcida comprendo
que cuanto más asciendo,
más me inclino,
que cuanto más comprendo,
más me acallo.
Y en la labor diaria
olvido algo, apenas importante,
pues nadie hace reclamo.
Si el grano nace al sol
color oro y abundante,
¿no hiere el arado,
con cada cuchillada,
la tierra en la labranza?
No temo tatuarme
la sonrisa de Gioconda,
temo no poder decidir,
nacer de nuevo,
todas las mañanas.
Fotografía y poema: María José Gutiérrez

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