Añoro su enseñanza,
y a hurtadillas,
espío sus palabras.
En su dolor,
me hago reciproco.
En la distancia,
no poseo abrazo suficiente,
e inútil,
me armo de consejo.
Recuerdo,
pues no exijo,
el deber de mantenerse
firme en las marismas,
pues bravo
siempre viene el
oleaje.
¡Qué del olvido
nazca la
existencia
y del recuerdo la sonrisa,
qué el juego traiga de nuevo
al padre, al hermano o al hijo
y qué la paciencia
sea la
constancia,
pues en el azul abismo
solo hay
nada
y quién invento la nada
no tuvo tiempo
de inventarle
los epítetos!
De poesía,
poco entiendo,
pero del dolor,
que trae la nada,
tengo un master
por la Universidad
que llaman de la vida.
Fotografía y poema: María José Gutiérrez
Fotografía y poema: María José Gutiérrez

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