martes, 7 de noviembre de 2017

DE UN ADMIRADOR



Añoro su enseñanza,
y a hurtadillas,
espío sus palabras.

En su dolor,
me hago reciproco.

En la distancia,
no poseo abrazo suficiente,
e inútil,
me armo de consejo.

Recuerdo,
pues no exijo,
el deber de mantenerse
firme en las marismas,
pues bravo
 siempre viene el oleaje.

¡Qué del olvido 
nazca la existencia
y del recuerdo la sonrisa,
qué el juego traiga de nuevo
al padre, al hermano o al hijo
y qué la paciencia 
sea la constancia,
pues en el azul abismo
 solo hay nada
y quién invento la nada
no tuvo tiempo
 de inventarle los epítetos!

De poesía,
 poco entiendo,
pero del dolor,
que trae la nada,
tengo un master
por la Universidad
que llaman de la vida.


Fotografía y poema: María José Gutiérrez

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