Le otorgamos a la luna
el poder de esclavizarnos
la memoria.
Amor.
Está la luna espléndida esta
noche
y no quiero recordarte.
Callo,
pues tengo miedo que no portes
el nombre que te impuse.
Temo,
ansiar el cobijo de tus brazos
y hacerme niña.
Me reclamas
sin conocer mi verdadero nombre,
y tu voz invoca
el rumor antiguo
de aquella lluvia que empapamos,
del beso robado,
y de aquel mensaje
que ninguno recibimos.
Huimos,
siempre huimos,
como sumisas olas
que vuelven renegonas
con sus súplicas.
Esta noche, amor,
esta la luna espléndida
y se ha propuesto
despreciarnos.
Fotografía y poema: María José Gutiérrez

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