Entreabrí
la puerta
al
golpe de una aldaba,
confusa,
pues
saben… no soy nadie,
ni
tienen rastro mis palabras.
Cedí,
pues castellana,
soy
dada al desconfío
y
al invento de vocablos.
Parca
y arisca por familia
no
entiendo los abrazos,
pero
si los refranillos:
¡En
está, que es mi casa,
abundan
los espejos,
quién
entra estará expuesto,
a
contemplarse en ellos!
Sombría
está mi casa,
esperando
su visita.
Fotografía y poema: María José Gutiérrez

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