Mis hermanos nacieron
con la destreza del olvido,
yo, sin embargo,
recibí por herencia la memoria.
Indulgente fui guardando
todas las injurias que causaron
y los secretos contemplados.
Ellos huyeron sin la rémora;
convencidos de futuros
plagiaban, una a una, las
jornadas.
Yo me aletargué en la orilla opuesta
del ayer,
y aun bostezando,
me pasa factura la tardanza.
Despierto en un mundo
inteligible
al que no estoy acostumbrado;
yerro por rememorar errores,
cuando advierto
que pisan por sus pasos.
Fotografía y poema: María José Gutiérrez
Orillas del Pisuerga

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