Un día cualquiera
el pan no está
sobre la mesa,
no está el padre
sentado,
ni se le espera.
No quedan
libros, ni estantes,
se vendieron
para apaciguar
la voz
anarquista del hambre.
Un día cualquiera
lucha insomne la
madre,
remienda los
fracasos
y afila
concienzuda los lápices.
No quedan libros
en la casa,
por eso ella,
con esmero,
a escondidas los
redacta.
Un día cualquiera
en mi particular
patria,
amanece aun de
noche y
duelen las manos
de usarlas.
En las ventanas
las banderas
¿jugará la
selección
o jugará el
Madrid-Barca?
Un día cualquiera,
la tierra será
mía
en lugar de ser
yo su esclava;
ni en campo
santo tengo vara.
No voy a perder
más hijos
por defender la
casa de otros
que tienen la
sal sobre la mesa
y fila primera
en la playa.
Un día
cualquiera,
te pondrás bajo
mi cielo,
olvidadizo de
lluvia,
y entenderás mis
palabras.
Fotografía: María José Gutiérrez Sánchez

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