Los que fuimos otros,
vendimos la dignidad
al estruendo del trueno
y caminamos a tientas
con la cabeza humillada
y las manos
en los bolsillos del miedo
donde tintineaban
treinta monedas de plata.
Como maldecidos por el cielo
siempre atrajimos el rayo;
diestros en labrarnos jaulas
nos coronamos libres.
Amamantamos otra generación
con teta de ideales
y la empujamos a la muerte.
La culpa fue excusa suficiente
y decidió que la razón
debía ser la huida.
Cayó de improviso la lluvia
con fuerza de verdades
y tras la calma
algunos las creímos,
pero cambiará el viento
y volverá el bochorno
mojando a otros
que aún no imaginamos.
Se hace necesario
un seguro vigía,
pues en mi estupidez
las nubes negras me acobardan.
Fotografía y poema:María José Gutiérrez

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