domingo, 1 de octubre de 2017

CAMPO GRANDE







Inmune al castigo de la vida vive el Campo.

Grande, en su nobleza remarcada
por la romántica costumbre que los hombres
fueron dejando, día a día, en sus entrañas.

Grande, en su espesura,
gobernada por esa luz de verdes pinceladas
nacida de las risas de los niños,
del aroma a canela de un barquillo
o por los pasos perdidos
que nos llevan,
a los nacidos de estas áridas tierras,
a contemplar las costumbres insulsas de los patos
como milagros sorprendentes de la vida.

¿Quién no beso un amor o espanto un pájaro?
¿Quién no navego en un barco hacia una isla?
¿Quién no se adentró en una selva tras un pavo?
¿Quién no vio una imaginaria ardilla?
¿Quién no ascendió por una cascada y dejo el eco de su nombre
en el recuerdo eterno de la gruta?
¿Quién no vio en la cueva del estanque a la malvada bruja?
¿Quién, de los nacidos de esta tierra,
no fue poeta una mañana de domingo
sentado en un banco de madera
y a las orillas de un estanque

bendecido por el refugio del murmullo eterno de las horas?









Fotografía: María José Gutiérrez Sánchez
Detalle Campo Grande de Valladolid

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