viernes, 13 de octubre de 2017

DE LO SUYO EN LO MÍO





En mis tres campos sembrados de palabras,
exige el otoño recoja su cosecha
de abundante fruto nacido del esfuerzo
y la constancia de una verborrea
que escapo de los años de silencio.

Ansiosa tomo el fruto entre mis manos,
saboreo su carne con mi lengua
y descubro el aroma amargo,
preludio de un corazón putrefacto,
camafeo que protege dentro
las semillas de sublime ignorancia.

Busco la dolencia visible de la planta,
pues gozan de una lozanía extraña
que incomoda a mi inexperiencia.
Recuerdo los sabios consejos
del maestro de palabras
y vuelvo el envés de sus hojas
mordidas por un pequeño insecto
que inyectó el veneno de la inexistencia.
Negros los botones de sus yemas,
colofón de unos tallos invadidos
por la savia de los sentimientos
que fluyen por todos mis poemas.

Al atardecer, recorrido el campo,
malograda la primera cosecha,
siento las raíces asentadas en la tierra,
cepas antiguas que brotarán de nuevo
alzando sus tallos verdaderos y
sus hojas verdes y conscientes.
Convertiré este campo de Marte,
en un paisaje sembrado de razones.

A veces, se anegarán los surcos,
otras, recogeré las mieses,
y un espantapájaros romperá el horizonte
incitando a las aves a huir lejos.

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