| Fotografía: María José Gutiérrez Sánchez |
¿Por qué le llamas, madre, refugiado?,
si no tiene útero al cual volverse,
si la noche ha invadido el pensamiento
de los hombres, en su huida yermos.
Si el alma ha caído de rodillas,
doblegada por el desprecio del ausente.
¿Por qué le llamas, pueblo, refugiado?,
si no conoce un bosque en cual perderse,
si las puertas del mundo se han cerrado
y es el agua quién libertad promete.
Promesa de muerte menos trágica,
que aquella, quién en sus talones se entretiene.
¿Por qué le llamas, padre, refugiado?,
si no tiene la forma de esconderse,
ni lecho quién albergue su desgracia,
ni manta con la cual taparse el vientre.
Si el viento sopla su desgracia,
a oídos sordos que bien entienden.
¿Por qué le llamas, hermano, refugiado?,
si no tiene manos que le aferren,
si el olvido vago se ha enquistado
en la excusa atroz de algunos intereses,
en la codicia absurda que a todos compromete.
¿Por qué le llamas refugiado, padre?,
si no tiene ni tierra quién le entierre.
2016
Finalista II Concurso en Homenaje a Mario.-Cerezo Ediciones
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