martes, 17 de octubre de 2017

TRAVESÍA HACIA LA RAZÓN






De esta isla coralina donde subsisto
junto a los desconocedores de mi nombre,
parto a hurtadillas como un prófugo
de sus playas de arenas movedizas,
donde los dioses se entretienen
 trazando sus cenagosos valles.

Siguiendo mi barca de remos afilados,
que cortan al compás de mi aliento
las aguas de un trayecto anhelado,
vuelan los habitantes de mis costas.

A popa, tras la estela de las aguas,
azulados pajaritos me acompañan
con sus pusilánimes cursis cantos
decorados con su melodía empalagosa.

Más atrás, se mezclan los graznidos
de unos pajarracos de mal agüero,
que con sus graves gritos intentan
destruir la precisión de mi sextante.

Tras una noche de tormenta y penuria
atisbo en la lejanía un horizonte,
donde se alza la muralla de una ciudad
cimentada sobre tierra firme y fuerte.

Suelto los remos y permito a la marea
me arrastre hasta la atrancada puerta
de esta ignota ciudadela amurallada;
solo un reclamo abrirá sus goznes.


La consigna, en si misma, es la palabra.





Fotografía: María José Gutiérrez Sánchez
17 de octubre de 2017

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