domingo, 26 de noviembre de 2017

ENTRE RAMAS



—¡Esto se ha terminado, Pedro! —Alicia sacaba con violencia la ropa del armario y la lanzaba sobre la cama— ¡Esto se ha terminado!
—Por favor, Alicia, tienes que entenderme —suplicaba el hombre intentando frenar con sus brazos aquella avalancha de ropa.
—¿Entenderte? ¡Llevo entendiéndote cinco años! ¿Qué digo cinco años?, si solo te veo en verano. Estoy segura de que hay otra —vociferaba Alicia—. Tendrás otra familia, en algún lugar tropical.
—Ya te lo he explicado mil veces, mi trabajo es así. Nunca te engañé, supiste lo que había desde el primer momento. ¡Ahora, no me vengas reclamando! —se calló ante la horrible mueca de cólera que mostraba el rostro de Alicia, esta vez la cosa parecía seria.
—No —Alicia aspiró aire con un exagerado gesto de asfixia—. No, esta vez sí que no. Esta vez me voy para no volver —dijo muy despacito, algo que a Pedro le aterrorizó.
—Tienes razón, no es la verdad —Pedro se sentó abatido en la cama sujetando su rostro entre las manos con un gesto de desesperación.
—¿Qué verdad, Pedro? —Alicia comenzó a asustarse, y todos sus temores vinieron a su mente de golpe.
—Alicia… Yo en invierno me convierto en árbol, por eso desaparezco. En realidad, no me voy a ningún sitio, paso el invierno plantado en la arboleda detrás de la casa.
—¿Qué…? —Alicia no acertaba a encontrar las palabras necesarias para aquella contestación absurda, a la vez pasaban con velocidad por su mente imágenes que le confirmaban aquella estúpida excusa: El olor insoportable a pino de aquella casa, la decoración de metacrilato del salón, el inodoro electrónico... tenía que estar bromeando.
— ¿No bromeas? ¿Por eso te empeñaste en censurar la chimenea e instalar la calefacción eléctrica?, ¿y aquel pobre vendedor de enciclopedias al que casi rompes la cabeza? ¡Dime qué no es verdad! —exigió suplicando.
—Alicia, entiéndeme, no es culpa mía. Yo no elegí esta vida, soy una víctima —dijo Pedro con lágrimas en los ojos—. Compruébalo tu misma.
Pedro corrió a buscar su certificado homologado de FSC como madera controlada.
Alicia miro aquel certificado estúpido y la cara de seguridad con la que Pedro la miraba, pensó si el niño de la película de E.T. exigió al bicho algún sello de denominación de origen.
—No sé qué decir, supongo que debo creerte —dijo Alicia mientras sopesaba las mil razones para aceptar lo que ahora veía con claridad— No sé qué decirte Pedro.
—Dime algo que me ayude a mantenerme firme en esta vida de desolación e incertidumbre con la que se me ha castigado —suplicó Pedro— algo que me ayude a afrontar el próximo invierno con esperanza. Una solución que me ayude a huir de este destino.
—Pues tal vez deberías… —comenzó a decir Alicia ante aquella abrumadora responsabilidad y pensando lo fácil que habría sido si hubiera tenido una amante en Brasil—, tal vez, deberías confeccionarte una especie de traje, ya sabes, fue lo primero que hizo Spiderman.
No había terminado la frase y ya se había dado cuenta de lo estúpida que sonaba.
—¿Un traje? —Pedro la observaba guardar a toda velocidad sus últimos objetos personales en la maleta— Yo no necesito un traje, me hago un ser inerte durante seis meses, un ser aburrido y carente de vida que no necesita ningún traje. Soy un árbol. ¡Pierdo la mitad de mi vida sin hacer nada, sin vivirla! —gritó Pedro desesperado ante la desconsideración de su pareja.
—Mira Pedro —dijo con lentitud Alicia intentando calmarle—, yo no me voy porque la mitad del año seas un árbol, me voy porque la otra mitad eres un seto. Un hombre que vive precavido con miedo y que no sabe disfrutar cada momento. Antes de saber esto yo ya había tomado la decisión de dejarte porque tengo un amante.
—¿Un amante? —preguntó atónito— ¿Le conozco?
—No —mintió Alicia por piedad mientras cerraba la puerta.

Fuera, una furgoneta blanca la esperaba. En un costado un rótulo de letras de colores anunciaba: 
«Papel Higiénico: El elefante».

Fotografía y relato: María José Gutiérrez

2 comentarios:

  1. Muy bueno, aunque me ha costado mucho leerlo. El fondo negro y la letra tan pequeña, no ayudan. Un abrazo.

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