Qué nadie se confié
porque hoy escampe,
pues puede,
que mañana truene.
Creo en los hombres que trazan su destino y
en los que eluden los rumores que me hieren.
Creo en el agua que me enseña
a transportar la realidad entre las olas,
la que despertándome me aparta las legañas,
la que gota a gota inunda embalse
en el hueco vacío de mi mente.
Creo en su seguridad y en su constancia,
en el cauce que marca entre los montes.
Creo en la suavidad de las palabras,
en la cadencia silenciosa de la ese,
en la amanecida nueva de su frase corta,
en el futuro abrazo que me debe,
en su valentía y su defensa,
de los poetas de mentes inquietantes.
Creo en los hombres que son un solo hombre.
No llegamos con la voz de ábreme la cama,
ni llegamos ataviados con el sombrero de
locura,
llegamos con la mirada necesitada de colores,
con la frase pronunciada en el silencio,
con él vaya a saber usted porqué entre la boca;
entramos por invitación de la palabra
en un mundo real que yo pinto de ficticio.
Ninguno sabemos dónde nos encontramos,
pero presentimos, obcecados,
que debemos morder de la manzana.
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Me gusta mucho María José, gracias por tu dedicatoria en Facebook. Es un poema que contiene ese noséqué de la Vida, me gusta, me gusta...
ResponderEliminarMe alegro Sandra, porque siempre tiendo a la confusión y al equivoco.
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